La pelota rueda sobre un país que busca desapárecidos

La inauguración del Mundial en la Ciudad de México llegó con el césped perfecto y la calle disputada: maestros en huelga rumbo al estadio, madres buscadoras velando sobre Calzada de Tlalpan, más de 60 mil elementos de seguridad desplegados y una licencia de por medio para casi cada forma de mirar el partido. La fiesta es real. La pregunta es quién la administra y quién quedó fuera de la postal.

Anoche, sobre Calzada de Tlalpan, hubo fútbol antes del fútbol. Madres buscadoras y colectivos de familias de distintos estados cerraron la avenida, instalaron altares con fotografías de sus desaparecidos y flores de cempasúchil, y jugaron una cascarita antimundialista; antes de retirarse, cerca de la medianoche, anunciaron que volverían a las seis de la mañana del día inaugural. A unos kilómetros, dentro del estadio, el césped híbrido lucía tan uniforme que los periodistas lo describieron en redes como una alfombra. Las dos imágenes son el mismo país, separado por un anillo de seguridad.

Hoy, jueves 11 de junio, México y Sudáfrica inauguran en el Estadio Ciudad de México — el Azteca, rebautizado por exigencia de marcas: Banorte para el patrocinio, Ciudad de México para la FIFA, Azteca para la memoria de la gente. Que el propio estadio tenga tres nombres según quién pague o quién mire ya dice algo del torneo: hasta el lugar donde Maradona hizo el gol del siglo opera hoy bajo licencia.

La fiesta y el control

El dispositivo es histórico. Desde el búnker de la Secretaría de Seguridad federal se coordina a más de 11 mil elementos y más de 900 vehículos del Plan Kukulkán solo para el estadio y el Fan Fest; en la ciudad, el despliegue suma 56 mil policías, casi 5 mil de Guardia Nacional, 600 del Ejército y 165 de la Fuerza Aérea, ampliado en anillos que abarcan vialidades, transporte, hoteles y accesos carreteros. A escala nacional se contempla más de 100 mil elementos, con equipos antidrones, redes de cámaras y grupos de gestión de multitudes operando los 39 días del torneo. La Presidencia decretó home office para el día de la inauguración, y aun así las autoridades previeron marchas desde las primeras horas; el aeropuerto restringió el acceso a pasajeros con pase de abordar.

Nada de esto es neutro. Un operativo de esa escala protege a los aficionados, sí. Pero también encapsula la protesta, decide quién transita y dibuja, valla por valla, los bordes de la fiesta. Las buscadoras que marchaban anoche se toparon con un cerco de antimotines y, metros después, con una barricada de camiones que transportaban más elementos. El mensaje del espacio público fue claro: la ciudad está abierta para el balón y administrada para el reclamo.

Restaurantes, pantallas y la licencia para mirar

El eje menos espectacular y más revelador es la pantalla. No existe una «prohibición» de transmitir el Mundial en negocios: existe algo más fino. El IMPI explicó que transmitir no está prohibido mientras no se vulneren los derechos de las marcas registradas de la FIFA, pero que los restaurantes con ingreso económico de por medio deben pagar derechos o exponerse a sanciones. La FIFA impuso para este Mundial una licencia comercial de exhibición pública que cuesta entre 3 mil y 25 mil pesos; sin ella, los establecimientos pueden enfrentar multas de hasta 29 millones de pesos. Los derechos para negocios los concentra Televisa mediante dos plataformas con licencia, y el IMPI advierte que transmitir sin autorización con beneficio económico puede infringir la Ley Federal del Derecho de Autor. ViX, una de las plataformas que transmite el torneo, aclara que su uso está limitado a fines personales y no comerciales. Hay lineamientos que consideran infracción la transmisión sin autorización en establecimientos mercantiles incluso si no cobran entrada adicional.

Tradúzcase: la suscripción de tu casa no sirve para tu fonda. La señal abierta de toda la vida ya no basta si tu changarro «se beneficia» de que la gente venga a ver el partido. La comparación que ofreció la propia funcionaria del IMPI fue con la música protegida por derechos de autor en comercios — una comparación honesta, porque admite la lógica: el partido dejó de ser ambiente y se volvió mercancía medible.

Aquí conviene no caer en el cuento de los restauranteros como víctimas puras. CANIRAC pidió a sus agremiados pagar los derechos, y el sector espera un aumento de 29% en ventas durante el torneo, con una derrama gastronómica estimada entre 500 y 627 millones de dólares. La cadena grande puede absorber la licencia y multiplicar la ganancia. El que queda atrapado es el de abajo: la cocina económica, la cantina de barrio, el local que no factura lo suficiente para que 25 mil pesos sean «inversión». Para ese negocio, la licencia no es trámite: es frontera. Y para el barrio que veía el partido ahí, también. No por nada hay empresarios pidiendo abiertamente que se libere la transmisión.

Cuando se privatiza la pantalla se privatiza algo más viejo que la televisión: la costumbre de ver el fútbol juntos sin pedir permiso.

Protestas: la ciudad como segunda cancha

Reducir las marchas de hoy a «afectaciones viales» sería periodismo de helicóptero. Cada contingente trae una demanda con historia.

La CNTE mantiene huelga nacional desde el 1 de junio; tras una mesa con Gobernación reconoció avances parciales pero el gobierno no concedió su demanda central — derogar la Ley del ISSSTE de 2007 — y su asamblea, que sesionó hasta casi las cuatro de la madrugada, decidió marchar hoy hacia el estadio para hacer visible su lucha «en la ventana» que abre el Mundial. A la mesa también llegó un calendario para eliminar la USICAMM, el organismo que decide admisión y promoción del magisterio — concesión real, insuficiente para el movimiento. Se puede discutir la táctica de la CNTE; lo que no se puede es fingir que su reclamo de pensiones es un capricho: es la pelea de una generación de trabajadores del Estado contra una reforma que individualizó su retiro.

A ellos se suman padres y madres de Ayotzinapa, el SME con 1,500 electricistas en Reforma, transportistas mexiquenses con cientos de unidades rumbo al Zócalo exigiendo regularización de concesiones, colectivos contra las extorsiones del crimen organizado y estudiantes de la UNAM. La ANTAC convocó además una protesta nacional por la inseguridad en carreteras. No es una conspiración antimundialista: es un país entero usando la única ventana en que el mundo lo mira.

El Fan Fest: fiesta pública en suspenso

El Fan Fest del Zócalo fue, hasta el último momento, un símbolo en disputa. Sheinbaum reconoció que su realización no estaba garantizada por la presencia de la CNTE y remitió a las 18 sedes alternas; Brugada admitió la víspera que la apertura seguía en suspenso, mientras se alistaban 18 sedes del Festival Futbolero en las 16 alcaldías, siete de ellas transmitiendo los 104 partidos. Un reporte de Reforma señaló que personal del gobierno capitalino decía a visitantes que el acceso sería solo con boleto y registros agotados, versión que ni las autoridades ni la FIFA confirmaron, y que choca con la postura oficial: entrada gratuita, sin reservación ni registro previo. Finalmente, la mañana de hoy Brugada confirmó en video que el Fan Fest del Zócalo abre sus puertas, junto con los 18 festivales en toda la ciudad.

¿Hubo boicot? No exactamente. Lo que hubo fue un asedio de hecho — maestros acampando alrededor del Fan Fest e intentando romper vallas — y, más interesante, una pelea simbólica por el Zócalo: la plaza que es de las asambleas y los plantones convertida por 39 días en recinto de patrocinadores con tres filtros de seguridad. El organizador promete precios accesibles y combos con vaso conmemorativo. La plaza pública con menú.

En lo accesible, hay que decir lo que sí está: la FIFA anuncia acceso para movilidad reducida por la calle 20 de Noviembre, rampas, piso firme, baños adaptados, zonas de visualización accesibles y entrada para animales de servicio. Es accesibilidad motriz anunciada — habrá que verificarla en terreno. Lo que no aparece en la comunicación oficial revisada es la otra mitad: audiodescripción de los partidos, interpretación en lengua de señas, señalética sensorial. Una fiesta puede tener rampas y seguir siendo inaccesible para quien no ve la pantalla gigante.

Los que la ciudad barrió antes de la foto

La postal se preparó con escoba. Desde octubre, el gobierno capitalino ha retirado a unos 6 mil comerciantes ambulantes del Centro Histórico y planea retirar al menos 3 mil más; sostiene que el programa no se hizo por el Mundial, aunque reconoce intervenciones específicas en la zona del estadio y Calzada de Tlalpan. En la Alameda, los vendedores cuentan que la orden llegó de palabra: el último día era el lunes, y a casa más de un mes — sin oficio, sin firma, sin fecha clara de regreso. Vendedores de los alrededores del Azteca, notificados de la remoción de sus puestos, bautizaron el torneo como «el Mundial del desplazamiento», mientras protestas contra el alza inmobiliaria acusaban a la FIFA y a la gentrificación de sacar del juego a los locales. El propio gobierno capitalino envió una iniciativa para limitar el alza de rentas a la inflación, reconociendo el problema que el Mundial acelera.

El gobierno tiene un punto cuando dice que el reordenamiento es anterior y más amplio que el torneo. Pero el calendario no miente: la limpieza se aceleró rumbo a junio, y quien la pagó vende elotes, no boletos.

El país que busca

Y luego está el eje que no admite ironía. Colectivos de madres buscadoras convocaron una marcha desde el Ángel de la Independencia a las 8:00 de hoy, para visibilizar ante los ojos del mundo una crisis que ellas resumen así: «Nos faltan más de 130 mil hijos en México». Hasta Encontrarles CDMX marcha por Calzada de Tlalpan rumbo al estadio, con concentración simultánea en el Fan Fest del Zócalo. Según el Centro Prodh, en la jornada «Iluminemos la búsqueda» participan colectivos y familias de al menos 10 estados, en una acción pacífica para visibilizar la crisis de desaparición y el rezago forense en el marco del Mundial. Los propios organizadores aclararon que la intención no es impedir el Mundial, sino aprovechar su visibilidad global para recordar que miles de familias siguen buscando.

Su demanda es de una precisión devastadora: que las autoridades destinen la misma voluntad política y los mismos recursos a la búsqueda de personas desaparecidas que los utilizados para organizar el Mundial. No piden que se apague la fiesta. Piden que el Estado que hoy demuestra que puede cerrar una ciudad, coordinar a cien mil uniformados y montar una logística continental, aplique una fracción de esa capacidad a las fosas, a los laboratorios forenses, a las fiscalías. Anoche, mientras marchaban, pidieron a las autoridades federales que dejaran de encabezar el contingente y se colocaran al final: la movilización, dijeron, es de exigencia y memoria. Hasta el orden de la fila es político.

La contradicción queda expuesta sin necesidad de adjetivos: el operativo que les puso enfrente antimotines y camiones es exactamente el tipo de despliegue que nunca ha llegado a un campo de búsqueda.

La mirada de Balón por la Izquierda

Desde este medio, la inauguración se mide con otra vara: ¿quién puede vivirla? No solo quién tiene boleto — quién puede llegar al Zócalo si los filtros se multiplican, quién puede ver el partido si su fonda no pagó licencia, quién puede seguirlo si no ve la pantalla. La accesibilidad anunciada del Fan Fest es motriz; la sensorial brilla por su ausencia en la comunicación oficial. Un Mundial en casa era la oportunidad de demostrar que el fútbol también se escucha, también se narra, también se vive desde cuerpos y percepciones distintas. Por ahora, la inclusión es rampa y baño adaptado — necesarios, insuficientes. No basta abrir estadios: hay que abrir narraciones, calles, pantallas y formas de participación. Eso no lo va a hacer la FIFA. Lo hace, partido a partido, quien narra zona, dirección y consecuencia para que el juego quepa en cualquier oído.

Cierre

El problema no es que México celebre el Mundial. La gente madrugó para hacer fila, va a gritar el gol, y ese amor no necesita permiso de nadie. El problema es que una celebración que nació en la calle, la radio y el barrio se administra hoy desde arriba: la gente pone la emoción y otros ponen las vallas, las licencias, los precios y las pantallas. Y mientras la pelota rueda sobre el césped más perfecto en la historia del Azteca, afuera marchan las que llevan años pidiendo que el Estado juegue, aunque sea una vez, con la misma intensidad con la que hoy organiza.

El Mundial se inaugura en la cancha. Pero se disputa en la calle.